Los planes ADT no se eligen solo por precio, sino por el tipo de propiedad, la cantidad de accesos y el nivel de cobertura que necesitás. En general, podés pensar en tres grandes escenarios: hogar, comercio y propiedades más amplias o complejas que requieren una configuración a medida.
Una vista general para entender qué tipo de configuración suele encajar mejor en cada caso.
Pensado para proteger accesos principales y tener control desde la app.
Pensado para horarios críticos, accesos múltiples y control operativo del negocio.
Para escenarios con más zonas, galpones o necesidades especiales.
La primera pregunta no es “qué plan es más barato”, sino qué querés proteger. Si vivís en un departamento con pocos accesos, la configuración necesaria suele ser mucho más simple que la de una casa con patio, cochera o aberturas perimetrales. Lo mismo pasa al comparar un local pequeño con un comercio que tiene depósito o persiana metálica.
También conviene definir si solo buscás detección y monitoreo o si querés agregar control visual con cámaras. En muchos casos, esa decisión es la que más cambia el plan recomendado, porque modifica tanto el equipamiento como la experiencia de uso.
Otro criterio es la operación diaria. En una casa importa la rutina de ingreso y salida, mientras que en un comercio pesan más los horarios de apertura, cierre y períodos sin personal. El mejor plan es el que acompaña esa dinámica sin dejar puntos ciegos.
Por eso la cotización final siempre termina ajustándose a la propiedad real. La página te ayuda a comparar lógicas de plan, pero el asesor define la configuración más razonable para tu caso puntual.
El plan de hogar no es solo un sistema que suena cuando algo pasa. Incluye la posibilidad de controlar el estado de la propiedad de forma remota desde la app: activar y desactivar el sistema desde cualquier lugar, recibir notificaciones en tiempo real cuando se abre una puerta o se detecta movimiento, y saber exactamente qué pasó y cuándo.
También permite configurar códigos personalizados para cada persona con acceso: podés saber si tu hijo llegó a casa, si el personal de limpieza entró en el horario correcto o si alguien usó el sistema fuera de la rutina habitual. Esa capa de control activo es lo que diferencia al plan monitoreado de tener una alarma tradicional.
Además, el sistema puede automatizarse según horarios o ubicación: que se active solo cuando salís, que te avise si no se armó a cierta hora, o que responda a rutinas que ya tenés sin que tengas que acordarte de hacerlo manualmente.
El plan comercial no es simplemente “una alarma más grande”. Para un negocio, la seguridad tiene una dimensión operativa que no existe en el hogar: importa saber si el local abrió a la hora que corresponde, si alguien cerró tarde, si una persiana quedó levantada fuera del horario, o si el personal de limpieza accedió en el turno correcto.
Por eso la configuración comercial incluye alertas por apertura o cierre fuera de horario y códigos diferenciados por empleado o acceso. Eso permite rastrear quién hizo qué y cuándo, sin depender de que alguien lo reporte. El sistema pasa a ser una herramienta de control operativo, no solo una barrera de seguridad.
Para negocios con más de una sucursal o punto de venta, ese enfoque escala aún más: la lógica central es la misma, pero la gestión se vuelve más valiosa cuando el dueño no puede estar físicamente en todos lados al mismo tiempo.
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